FLORA Mª GIL MENDOZA

 


SECTOR

AGRICULTURA Y GANADERÍA


Flora Gil Mendoza (Gáldar 1961)

El amor de la artesana quesera


Desde que nació en el seno de una familia dedicada a las actividades agrícolas y ganaderas, Flora Gil Mendoza, disfrutó del verde de las medianías galdenses, y aprendió desde muy pequeña, el arte de hacer buenos quesos, de la mano de su madre.


Junto a su marido, tomó el relevo generacional del Cortijo El Montañón, manteniendo la tradición familiar, sin temor al duro trabajo que supone el cuidado del ganado, y todas las labores asociadas al mismo.


Crió a tres hijos, sin desatender su responsabilidad en el cortijo, y asegura que aunque es una vida dura, es también muy bonita.


Le gusta hacer quesos y ahí está el secreto del reconocimiento que tiene, ya que Flora dice que si no te gusta lo que haces, no hay manera de que te entre, por más que le des veinte vueltas.


En su época no pudo estudiar y si ahora fuera más joven, le gustaría estudiar administrativo, aunque está orgullosa de ser una artesana quesera.


Ahora cuenta con la ayuda de uno de sus hijos, y de vez en cuando, su hija que es veterinaria, también arrima el hombro en la faena del cortijo.


Junto a su marido, cuando llega el verano, sube con el ganado a la cumbre, cumpliendo con la tradición del pastoreo trashumante, y cuando finalizan los días cálidos, regresa a casa, en el pico del Montañón en Caideros.


Flora Gil Mendoza es un claro ejemplo de lo que representa la mujer rural en las medianías norteñas. Su esfuerzo, entrega y dedicación, su capacidad de sacrificio, son encomiables.


Es una mujer sencilla, que disfruta de los quehaceres diarios. Así indica que le gusta todo lo que hace, y es impagable el amor que pone en cada queso que hace, ya que ese amor es la esencia de que sean únicos y especiales.





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